lunes, 19 de mayo de 2008
Bienvenido a Rusia... ¡de nuevo!
domingo, 23 de marzo de 2008
Madre e hija

miércoles, 13 de febrero de 2008
Incertidumbre e indiganción
Perdonadme, pero hoy no estoy de humor.
Hoy no ha sido, en realidad, un mal día. Sino más bien una noticia recibida hace unos minutos la que ha causado todo esto.
No sé si recordareis que el tutor de uno de los cursos que estoy dando, se largó sin avisar, dejando el ordenador encendido, y justo cuando teniamos una reunión programada para que me explicara como estaba organizado el curso y cómo orientar a los estudiantes.
El caso es que en estas dos semanas, nunca se ha sabido si volvería o no. Parece que él no lo ha querido dejar claro, quién sabe porqué. Y mientras tanto yo ya estaba empezando a realizar su trabajo, empezando a reorganizar el curso, a enterarme como podía del calendario de entregas y de clases, preparando lecciones,.... ya que no me ha proporcionado nada de ello.
El caso es que, esta tarde, he oído el comentario de que, definitivamente vuelve, el 25 de febrero.
Primero, nadie de la administración de la Escuela me ha informado oficialmente, pero todo el mundo ya lo sabía, lo que me ha cabreado bastante. Voy a hablar con uno de los encargados, le pregunto si el profesor vuelve, y me dice que sí. Y le pregunto pues, cuál es mi figura, mi posición aquí. ¿Soy un profesor, un asistente, el director de la asignatura? ... porque ya me estaba mentalizando y organizando para esto último.
Hoy no es el mejor día, porque esta noticia supone que no tendré casa. Ya que iba a coger la habitación libre que había dejado el profesor británico. Pero ahora ni idea. Tampoco se sabe que papel voy a jugar aquí, ya que el encargado con el que he hablado me ha dicho que no se sabe aún en qué términos volverá el profesor y por cuanto tiempo (ya que el contrato con él es que estaría aquí solo de vez en cuando y me ayudaría en todo lo que pudiese a distancia cuando no estuviese aquí).
Así que resumiendo. Si queréis saber una de las principales sensaciones de vivir y trabajar aquí, es la incertidumbre y la indignación. Porque no se acaba de entender nada, y porque la gente no se comporta como dicta la ética profesional que reina en el mundo occidental.
Este es un sitio extraño a veces, como una mezcla entre el recién estrenado capitalismo occidental, que ha entrado devorando muchas cosas, y un modo de actuar que se aleja del estilo europeo, por lo que uno no sabe a veces donde agarrarse.
Ya veremos qué ocurre en el futuro.
Saludos desde tierras inciertas.
lunes, 11 de febrero de 2008
¡Buenos dias!
Parece mentira lo que una simple frase puede alegrarle a uno el día.
Esta mañana salía del apartamento, cuando me encuentro con un hombre que parecía buscar un buzón para entregar una carta, pero sin éxito alguno. Cuando me cruzo con él, se dirije hacia mi preguntandome algo en ruso y enseñandome lo que yo he entendido era una dirección. Le he respondido:
"Prastiti, ñiet ruskii... ñiet ruskii" (que sería algo así como: Disculpe, no hablo ruso...)
El hombre me mira un segundo y me pregunta:
" ¿Español? "
" ¡Sí! " le respondo efusivo. A lo que me contesta con una sonrisa:
"¡Buenos días!, ¡Buenos días!"
Y así es, el día ha empezado bien. Hay que ver que poco cuesta a veces alegrarle a uno el día. No esperaba yo que un ruso ¡me diera los buenos días en español!. Especialmente en lugares como éste donde este tipo de actitudes parecen destacar por su ausencia. Aunque, como ya os dije en mi primer post, la gente a veces es más amable de lo que parece, y en efecto, te pueden obsequiar con gratas sorpresas.
domingo, 10 de febrero de 2008
Historias de la calle
Supongo que esto ocurre en todas las grandes ciudades. Supongo que éste no será el único ejemplo de los contrastes de la vida moderna.
Pero he aquí una historia. Sí, una historia. Tan sólo mirando sus ojos, uno percibe que detrás de ellos se esconde toda una vida, todo un mundo que, aunque mucho logremos imaginar, poco realmente llegaremos a conocer. Se trata de un niño, un infante, pero aún así, toda una vida.
Uno de esos casos que le golpean a uno en el alma, en la conciencia y que le acompañarán en la memoria.
Un simple niño capaz de emocionar con su música, como pocos artistas han hecho. Impresión enfatizada quizás por la sorpresa de encontrarlo en la calle, por lo prematuro de su edad o por esa mirada, una mirada ajena a lo que sus manos conseguían extraer del violín. Lo manejaba como quien lleva toda una vida practicando, como quien conoce los secretos que se esconden tras el arco y las cuerdas.
Sirva esta humilde entrada como tributo a éste, y muchos otros niños, que han perdido - o les ha sido arrebatado - algo por el camino, esto es... su infancia.
PD: Con este, me ha venido a la memoria como algo marcado a fuego, la cara y la actitud de Elvis, un afable y preocupado niño de la ciudad de Managua (Nicaragua).











